viernes, 9 de noviembre de 2007

Ante la coyuntura en Chile y Venezuela

El Federal Anarco Comunista declara lo siguiente, ante la represión sufrida por los compañeros de la Conferencia Nacional de Trabajadores en un mitin realizado el dia miercoles 7 de noviembre en el metro cal y canto:

La actitud del gobierno de la Concertación, ante la rearticulacion incipiente de la clase trabajadora y el renacimiento de un discurso clasista y combativo en ciertos sectores de los explotados, es rechazada de manera tajante por nuestra organizacion, quienes fuimos participes del mitin y testigos del fuerte dispositivo represor con el que se nos reprimió nuestro derecho a manifestarnos y repartir propaganda, tanto por los niños muertos en Puerto Montt (objetivo del mitin) como por los presos politicos mapuches.

Todo nuestro apoyo a la CNT, y a los compañeros detenidos, la represion no podrá pararnos.

En otro plano, y partiendo de la cumbre de los pueblos levantada por sectores de izquierda, y el auge del discurso chavista en ciertas organizaciones libertarias, deseamos dar a conocer nuestro punto de vista.

El Federal Anarco Comunista comunica lo siguiente:

No es un secreto para nadie el que actualmente Venezuela se haya inmersa en un proceso de agitación social que muchos califican de revolucionario, mientras continua el gobierno de Hugo Chávez.

Desde una óptica comunista anárquica, realizamos por un lado una serie de críticas al ahora llamado “socialismo a la venezolana”, y por otro solidarizamos con las organizaciones anarquistas que han sufrido la represión del gobierno “bolivariano” como son “El Libertario” y la “Cruz Negra Anarquista”.

Los planteamientos del caudillo Venezolano sobre un etéreo “socialismo del siglo XXI”, que a grandes rasgos repite los esquemas típicos de los fracasados intentos autoritarios y reaccionarios bolcheviques, rayan en el populismo tan típico en los militares latinoamericanos. Las ínfulas de líder carismático y cercano a la gente que posee Chávez no evita que los sectores revolucionarios comiencen a cuestionar su soporte ideológico, basado en el “bolivarianismo”.

La ambigüedad del proyecto político oficialista sale a relucir claramente cuando uno comienza a analizar críticamente las acciones que ha venido realizando durante sus gobiernos. A modo de ejemplo es revelador el que luego del golpe y las movilizaciones de los trabajadores de la empresa PDVSA para sacar a los empresarios, el gobierno, repuesto en el poder, interviniera la empresa con el ejército para hacer un contrato comercial con dos conocidas industrias multinacionales estadounidenses.

Las reformas a la constitución Venezolana tienden a dos cosas, primero a la concentración del poder en la figura del presidente, quien además podría ser reelegido indefinidamente, y segundo a tratar de institucionalizar el proceso, lo que, ya sabemos gracias a la experiencia histórica, conduce inapelablemente a la castración del proceso revolucionario, pues el poder popular se puede y se debe desarrollar de manera independiente y libre, solo así podrá evolucionar según las necesidades de los actores inmediatos.

El fuerte personalismo de ciertos “líderes revolucionarios” que terminan siendo identificados totalmente con el proceso (en otras palabras, proceso y “líder iluminado” terminan siendo lo mismo, finalmente se termina creyendo que el proceso no puede seguir sin la presencia del tan amado líder) es una impronta típica del autoritarismo marxista, que de esta manera separa al pueblo de la revolución.

Un Estado poderoso es incompatible con una revolución libertaria, pues la citada institución de poder siempre termina defendiéndose, para eso utiliza a los burócratas (y a los miembros del infaltable partido único, en este caso el PSUV) quienes tienen una posición privilegiada y termina reprimiendo los intentos revolucionarios que avanzan hacia la abolición del Estado y la sociedad de clases.

Si hacemos historia, podremos recordar cómo los soviet en la revolución rusa comenzaron siendo embriones poderosos de poder popular, para terminar siendo un apéndice mas de la dictadura burocrática del régimen bolchevique autoritario.

Ningún modelo de izquierda es verdaderamente revolucionario si no cuestiona y ataca de manera concreta las bases mismas del capitalismo, sus relaciones sociales, sus valores. El autoritarismo lleva en sí el germen del fascismo, y el Estado como maquina de dominación de clase, siempre transformara a sus administradores en una capa social separada de la clase trabajadora.

Nuestra propuesta, como revolucionarios anarquistas, como individuos comunistas insertos en las luchas sociales, es construir organización horizontal, es cuestionar de manera concreta los cimientos capitalistas, es destruir la explotación y sus formas de relación social.

Es levantar la autogestión, es destruir las organizaciones jerárquicas reemplazándolas por organismos de poder popular regidos por la democracia directa en las esferas locales y coordinar estos organismos a niveles macros a través de federaciones libres.

No nos pidan un programa rígido, no nos pidan una propuesta estructurada con reglamentos, con organigramas, con fechas y horarios, con plazos. No somos un partido político que quiera el poder, no somos iluminados ni somos vanguardia, somos a lo más, minorías activas.

No somos tan soberbios para creer que le podemos enseñar al pueblo cómo se hace la revolución, pero creemos que ésta debe ser soñada, construida y llevada a cabo por el conjunto de éste, y esto sólo podrá ser realidad a través de la participación activa de los individuos organizados sin jefes, sin patrones, sin presidentes ni generales, en otras palabras, sin Estado.